PERDÓN


    “Quien abraza su guitarra, abraza su soledad”

Le pido perdón a mi guitarra
ya no puedo darle
los placeres que le di,
tampoco los que ansiábamos.
Vuelvo a abrazarle
después de tanto tiempo
y vuelve el brillo en los ojos,
y un temblor que dice que la quiero,
aunque ya lo sabe
porque la llevo a todas partes
como un mudo talismán,
y la miro absorta como
miro mi vida, con la necesidad
de afinarnos el alma
y pulsar sonidos que nos den la calma,
el sosiego para estos días
en que estamos solas,  perplejas
bajo este cielo ajeno que tiene
tramontanas y no zondas
que llueve en otro idioma
que llora en otro tango.
Le pido perdón a mi guitarra
por la torpeza de mis manos
que le sacan arpegios tristes
que no resuelven en nada
y me animo y le voy diciendo
en un susurro, una promesa,
que del olvido irá naciendo.